martes, 28 de agosto de 2012

EL SÍMBOLO



El símbolo

No había terminado aún, cuando la puerta del café La Esquinita ya había sonado, era apenas lógico que la mirada se levantara buscando la persona por la que esperaba, no todos los días son iguales, así parezcan y aunque se repiten y se seguirán repitiendo; de pronto el anterior y el posterior se sienten distintos frente a la misma tasa de café pero con ideas distintas, es por eso que cada día se esperaba como si fuera el mismo, seguido por otro igual y antecedido de la misma manera, pero en distinto lugar, cosa que no entendía pero que era lógico cuando eres tú quien habla desde el ser observado y no del observador.
No siempre se presenta un acontecimiento igual al cual llamar un “evento” ya que es algo de perfecta sincronía, así lo habíamos creado una tarde antes de despedirnos en el mismo café, nos dimos cuenta que para amarnos no era necesario escucharnos, solo vernos, que ese amor que habíamos visto nacer se había convertido en una maraña de sucesos que no lográbamos comprender y mucho menos entender el por qué seguía siendo tan importante para ambos.
Dos seres distanciados por condiciones egoístas a las que no pueden renunciar por culpa de algo que no logran entender, deben buscar la manera de encontrarse, y en esa búsqueda incesante empiezan a lustrarse las ideas, y de tanto lustro una empieza a brillar.
Sin encontrarse, sin mirarse a los ojos, empezaron a notar que el medio de comunicación más efectivo es la lectura, son las letras las que arman o desarman este amor, y es así que entre palabras, frases, historias y cuentos se crea lo más cercano a lo que se puede llamar el símbolo.
Fue seleccionado de la coyuntura propia de un día cualquiera, donde las señales no podía ser equivocas, por lo que debían ser formadas de tal manera que no pudieran tener lectura ajena o le abrieran espacio a la duda, es por eso que los ingredientes estaban listos, primero que todo y lo más importante, según ellos, era la lluvia, ese espectáculo natural que no decides que suceda sino que simplemente ocurre y que para muchos lo único que hace es interrumpir la rutina de un día normal, y por eso la lluvia fue seleccionada, después de este ingrediente debía aparecer una hora, o sea, esa que te marca el tiempo que puede sincronizarnos a todos, nos organiza y hace que todos la consultemos constantemente o la calculemos según la luminosidad, después seguía el lugar, la parte más etérea la cual se debía definir, y por eso llegamos a concluir que el espacio debía ser un café, un lugar, un momento a una hora y un día, nada más perfecto para almas imperfectas que se adoran en sus más aberrados actos, en trasgredir su estado sentimental, en el querer mantener ese lado izquierdo prendido de sus almas, dos amantes, amores, seres descuadernados por la pasión desenfrenada que los llevó a verse involucrados en los más exquisitos placeres, tan exquisitos que fueron tachados de inmorales por que no respondían al deber ser de las relaciones amorosas que salen en las revistas de moda, donde todo es tan estético y perfecto, por eso romper ese molde les da vida, y es en esa misma esencia que definieron que su amor se encontraría, siempre en el café La Esquinita, los viernes a las 6 de la tarde siempre y cuando la lluvia estuviera mojando todo en su caída libre y vertiginosa. 



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