El símbolo
No
había terminado aún, cuando la puerta del café La Esquinita ya había sonado,
era apenas lógico que la mirada se levantara buscando la persona por la que
esperaba, no todos los días son iguales, así parezcan y aunque se repiten y se seguirán
repitiendo; de pronto el anterior y el posterior se sienten distintos frente a
la misma tasa de café pero con ideas distintas, es por eso que cada día se
esperaba como si fuera el mismo, seguido por otro igual y antecedido de la
misma manera, pero en distinto lugar, cosa que no entendía pero que era lógico
cuando eres tú quien habla desde el ser observado y no del observador.
No
siempre se presenta un acontecimiento igual al cual llamar un “evento” ya que
es algo de perfecta sincronía, así lo habíamos creado una tarde antes de
despedirnos en el mismo café, nos dimos cuenta que para amarnos no era
necesario escucharnos, solo vernos, que ese amor que habíamos visto nacer se
había convertido en una maraña de sucesos que no lográbamos comprender y mucho
menos entender el por qué seguía siendo tan importante para ambos.
Dos
seres distanciados por condiciones egoístas a las que no pueden renunciar por
culpa de algo que no logran entender, deben buscar la manera de encontrarse, y
en esa búsqueda incesante empiezan a lustrarse las ideas, y de tanto lustro una
empieza a brillar.
Sin
encontrarse, sin mirarse a los ojos, empezaron a notar que el medio de
comunicación más efectivo es la lectura, son las letras las que arman o
desarman este amor, y es así que entre palabras, frases, historias y cuentos se
crea lo más cercano a lo que se puede llamar el símbolo.
Fue
seleccionado de la coyuntura propia de un día cualquiera, donde las señales no
podía ser equivocas, por lo que debían ser formadas de tal manera que no
pudieran tener lectura ajena o le abrieran espacio a la duda, es por eso que
los ingredientes estaban listos, primero que todo y lo más importante, según
ellos, era la lluvia, ese espectáculo natural que no decides que suceda sino
que simplemente ocurre y que para muchos lo único que hace es interrumpir la
rutina de un día normal, y por eso la lluvia fue seleccionada, después de este
ingrediente debía aparecer una hora, o sea, esa que te marca el tiempo que puede
sincronizarnos a todos, nos organiza y hace que todos la consultemos
constantemente o la calculemos según la luminosidad, después seguía el lugar,
la parte más etérea la cual se debía definir, y por eso llegamos a concluir que
el espacio debía ser un café, un lugar, un momento a una hora y un día, nada
más perfecto para almas imperfectas que se adoran en sus más aberrados actos,
en trasgredir su estado sentimental, en el querer mantener ese lado izquierdo
prendido de sus almas, dos amantes, amores, seres descuadernados por la pasión desenfrenada
que los llevó a verse involucrados en los más exquisitos placeres, tan
exquisitos que fueron tachados de inmorales por que no respondían al deber ser
de las relaciones amorosas que salen en las revistas de moda, donde todo es tan
estético y perfecto, por eso romper ese molde les da vida, y es en esa misma
esencia que definieron que su amor se encontraría, siempre en el café La
Esquinita, los viernes a las 6 de la tarde siempre y cuando la lluvia estuviera
mojando todo en su caída libre y vertiginosa.
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